River cerró su pretemporada la noche del sábado en Uruguay, en el amistoso ante Peñarol, al que se impuso por penales (4-2) tras la igualdad sin goles. La próxima estación es nada menos que el arranque del Torneo Apertura, el sábado próximo, ante Barracas Central, en el estadio Claudio Fabián Tapia. De cara al arranque de un nuevo año, Marcelo Gallardo brindó una entrevista para el canal oficial de la institución en la que reflexiona momentos clave de su vida, los cambios en su personalidad para que la convivencia sea más entendible y aspectos del fútbol moderno. Aunque, sobre todo, reconoció nuevamente en su balance el 2025 para el olvido y apuntó a un 2026 más exitoso: “Vamos a volver a revitalizarnos”.
El inicio de la charla fue directo al pasado ya lejano, el del Gallardo soñador, jugador y atrevido para torcer una historia que bien pudo ser diferente en su vida. “Debe abarcar muchísimo la representación por este club. No por lo que significa el hecho de haber pasado mucho tiempo de mi vida en este lugar, sino porque cada una de las etapas me fueron marcando en mi crecimiento personal. No fue lo mismo cuando llegué a los 12 años que cuando debuté en primera a los 17. Mi primera pretemporada. Mi vuelta después de los 30. Todas fueron diferentes y en cada una fui viviendo cosas diferente”, comenzó.
“Sigo manteniendo algunos de los rasgos. Creo que esa experiencia vivida a los 12, de no querer dejar pasar una oportunidad, de reconocerme en mi posición de pararme adelante de un tipo, Gabriel Rodríguez, entrenador de infantiles de River en ese momento, y pedirle si me cambiaba de equipo… En definitiva, iba a dejar pasar mi oportunidad. No iba a ser visto ni tenido en cuenta para lo que viniera. Esos rasgos de personalidad de muy chiquito, muy pendejo, los fui sosteniendo con el tiempo. Tiene mucho significado para mí, cada vez que nos cruzamos con Gabriel recordamos la historia. Si yo no hubiese tenido ese gesto, mi vida hubiese sido posiblemente otra, nada que ver con lo que viví. Me marcó, porque me quedé en el club, fui visto y empezó mi historia. Fue el principio de una marca que después me acompañó. La historia arranca desde ese momento. Si no, claramente hubiese pasado desapercibido”.
“No hay mejor lugar que estar en casa. Podés ir a conocer el mundo y vivir otras experiencias, pero el lugar de uno, es el lugar de uno. Cuando estás en un lugar en el que te sentís reconocido, que sentís valoración, entendés el sentimiento, el pensamiento, la mentalidad y la cultura del lugar, eso después es un mensaje que se traslada desde mi lugar. Lo intento. Los que no lo entienden así, siempre tiene que haber alguien que debe desparramar ese sentir. Yo me considero una persona que puede bajar el mensaje del significado de pertenecer a este lugar. Es un privilegio para pocos, por más que después te toque estar mucho o poco tiempo. Lo que intento inculcar en el club es una manera de sentir que hay que valorar y ser agradecido».
La entrevista completa
“Es comportamiento, una manera de vivir. Los desafíos que se van generando, no importa si ya ganaste. Es cuánto valor le das a volver a desafiarte. Creer que siempre podés ir por algo más. Eso te exige y hace que vos vivas de una manera en la que, con pocos gestos o palabras, vas marcando una tendencia. No podés relajarte, no se puede vivir sueltamente. Para estar acá tenés que ser disciplinado: en la manera de comunicarte, de expresarte futbolísticamente, de convivir adentro y en el mundo exterior. De eso se trata: representar de la mejor manera a la institución. No es fácil estar acá, pero menos fácil es sostenerte acá“.
Luego de referirse a su función de referente dentro del de técnico, comenzó a referirse al River que decepcionó en 2025. No lo hizo muy diferente a alguna conferencia de prensa vivida por aquellos meses, pero sí más abiertamente: “No fue fácil, no cumplimos ninguno de los objetivos trazados. Nos habíamos preparado para terminar el año de otra manera y se terminó haciendo muy largo. En el último trimestre nos pasaron un montón de cosas que no esperás que te pasen a vos: no estamos acostumbrados a perder tantos partidos. Sí, fue un año de frustración deportiva, claramente. Nos costó cerrar el año. ‘Este año tiene que terminar’, decíamos. Un año negativo en el que cometimos errores, sí”, inició, para luego profundizar también sobre su situación.
“No fuimos lo que podíamos haber sido. Sin embargo, también deja muchas enseñanzas. Las lecciones las vas aprendiendo cuando te pasan cosas que no salen como las pensabas. Eso no te tiene que forzar a tirar la toalla ni descreer en tus convicciones. A mí, particularmente, lejos estuvo de frustrarme. En mi posición de gestor me enseñó a que no está mal reconocer que hubo errores. No te hace menos bueno o menos malo. Hay que aceptarlo para fortalecerse. Nunca dejé de creer en mí. Siempre sabemos convivir gratamente cuando las cosas salen, pero cuando no salen ahí mostramos las miserias. Yo puedo perder, todos podemos. El tema es cómo nos recomponemos ante eso. Es reconocer para adentro y comentarlo para afuera, si es necesario, y seguir la marcha“.
Dentro de la autocrítica dio lugar a cómo lo procesó él, entre el fastidio de la gente y la frustración de sus dirigidos: “Para mí fue un año difícil también. Estuve atravesando situaciones personales difíciles. Ya está, ya pasó, ya estoy bien, lúcido. Una vez que hablé dije ‘cuando perdés, nadie te espera para darte un abrazo’. Porque es verdad, es así, es la naturalidad de los seres humanos: en general, está tu familia, los amigos más cercanos y alguno más que te acompaña. Pero quisieron hacer creer que era en desmedro de la compañía de la gente. ¡Qué cosa totalmente inútil!», sonrió, incrédulo ante la situación.
Entonces, fue el pie para resaltar al hincha y elevar las expectativas: “El acompañamiento fue incondicional de la gente. Más de 80 mil personas todos los partidos. Me muestro gratificado con eso. Es normal que exijan: es River. Hace diez años entro a un estadio y me ovacionan todos los partidos. ¿Cómo no voy a devolverles eso con un ‘muchachos, acá estoy, no me fui por perder 15 partidos seguidos’? Estoy acá para seguir insistiendo, dando alegrías, para seguir laburando. Vamos a tener un buen año. Es volver a contagiarnos de positivismo. Arranca otro año, tenemos que abrazarnos entre todos y el equipo tiene que dar respuestas. Vamos a trabajar para que eso suceda».
“Estamos en un lugar de muchísima exposición. Siempre estamos juzgados de alguna manera, pero también atravesamos momentos como seres humanos. Así como los futbolistas tienen sus momentos de desarrollo y problemas personales, el entrenador, lo mismo. La responsabilidad es enorme. No dejamos de ser personas que sufrimos y nos alegramos. A veces lo dejamos de lado y nos ponemos en el personaje. Antes, por ahí, no lo decía y ahora sí. Llego al vestuario, me junto con los jugadores y puedo avisar: ‘Muchachos, hoy puedo no tener un buen día, pero ya lo voy a sacar adelante’. Y listo, eso rompe una estructura, la imagen de tipo fuerte. Y no está mal“, reveló un cambio en sus maneras.
“Entendí en este recorrido que uno puede gestionar desde lo humano, no solo desde la disciplina. Los grupos generalmente son exitosos cuando van en la misma sintonía y vamos todos a un mismo lugar. Nos abrazamos entre todos. Sufrimos y nos alegramos entre todos. El fútbol no deja de estar ajeno a eso”.
“La búsqueda permanente es ver cómo nos acercamos al otro, cómo sabemos qué está pasando. En definitiva, nosotros tenemos que saber qué les pasa a todos. Y no está mal que ellos sepan qué me pasa a mí. Sino yo abrazo a todos y ¿quién te abraza a vos? Yo soy muy gestual, se me nota todo el tiempo y no lo puedo disimular. Ahora, si me quieren ver sonreír en un partido… La otra vez mi hijo, después de un partido me decía, ‘Papá, ¿por qué estabas enojado? Y por ahí no estaba enojado. Que tengas cara de culo no significa que estés enojado: estás viviendo la tensión. Podés estar ganando 15 a 0 en 15 minutos y no va a suceder».
Luego, pasó a sus sensaciones tras la pretemporada: “Nos veo bien, estamos enérgicos. Volver el 20 de diciembre hizo que ganemos tiempo de lo que queremos para este año. Armar el grupo y la llegada de los refuerzos. Estamos bien, en un momento de buen trabajo. Hay buena energía, mensajes bajados. Mientras más rápido eso suceda, mejor para acomodarse en la competencia. Tenemos que estar ya preparados para mostrar una cara mucho más reconocible“.
“Si en algo fuimos reconocidos en esta gestión fue por equipos agresivos con búsqueda permanente en ataque. Algunos tuvieron mucho más vertigo, otros más control de la pelota. Los rivales te van esperando también. Si no tengo el convencimiento de los futbolistas es muy difícil trasladar de qué manera queremos jugar. Podés ganar o perder, pero no podés no tener un estilo. En esa búsqueda también tenés que tener creatividad: si vas y vas, pero sin ideas, no tiene fundamentos. La creatividad es propiamente del futbolista. Los recursos naturales los hacen protagonistas del juego, es la impronta del futbolista que hace la diferencia. Si no tenemos eso, tiene que estar el funcionamiento del equipo”.
“A veces se estimula la creatividad y, en otras, viene natural. A veces soy bueno para meter un pase entre líneas y en un tiempo muy limitado, pero yo también necesito la complicidad y creatividad del otro. Deben conocer la virtud del compañero y para eso hay que hablar. Hoy es el teléfono y chau: no, nosotros jugamos al fútbol. La comunicación sigue teniendo un poder enorme y la tenemos que seguir alimentando», utilizó una pregunta sobre el ingenio de un futbolista para llegar a un ejemplo de lo importante que resulta relacionarse, algo que prolongó.
“El gran desafío de los entrenadores no es, por ejemplo, cómo paramos el equipo, con qué sistema o cómo marcamos en la pelota parada. El gran detonador para que se generen este tipo de situaciones es entender cómo se vive hoy y cómo tenés que estar adaptado vos con las nuevas generaciones. Es un gran desafío no rechazar lo que está sucediendo, pero sí cómo nos incorporamos a esos medios donde ellos se comunican», agregó.
Acerca de los jugadores históricos que se fueron, hizo mella en una relación que, asegura, nunca se romperá: “Es un reconocimiento pleno y una valoración enorme. Con idas y vueltas, pero que termina siendo para siempre. Claramente me hubiese gustado que pase de otra manera el último año, pero a veces el moño no está. El recorrido ya está marcado, las experiencias de vida ya están vividas y el recuerdo nunca va a morir. Cada uno de ellos sabe que en el paso del tiempo se refuerza más. Hoy vivimos aceleradamente: estamos pensando siempre en lo que viene dentro de un minuto, pero con el paso del tiempo vienen cosas que te van abrazando».
“La formación de nuevos referentes, a veces, se da de manera natural y, en otras, el entrenador incide. No impostado, no me gusta. No exigido, porque no tiene sentido. Son una referencia para los jóvenes, para los que van llegando. Por eso, ahí tenemos chicos que salieron de acá, que fueron parte de la selección nacional y asimilan ese rol. Montiel, Martínez Quarta, Pezzella, seguimos teniendo a Franco Armani. Juanfer tiene un liderazgo futbolístico natural. Ellos van agarrando la posta de algo en lo que ya participaban antes, pero ahora asumiendo más protagonismo“.
“El futbolista que viene de abajo ya no es un desconocido. Las redes sociales te van mostrando las injerencias de los futbolistas precoces que van creciendo. ¿Cómo le hacés saber a un chico de estos que no es lo mismo jugar en una división menor a jugar y sostenerte en la primera? Hoy las etapas se queman rápido. Hay jóvenes que todavía no debutaron y ya se quieren ir a Europa. Es difícil porque luchás contra un entorno que vos no manejás y que tiene el mayor tiempo de convivencia: todos quieren ya, ya, ya y los procesos se desestiman. Vos antes sabías que tenías que pasar por un proceso. Hoy son saltos, saltos, saltos. Termina siendo negativo“, cuestionó.
“No suelo basarme en estadísticas, pero no hay grandes figuras representativas que saltearon etapas. Reconozco muchos casos, no voy a hacer mención: terminan en un tercer o cuarto orden por no respetar el proceso normal. Te lo dicen también los jugadores que vienen de allá. No hablo de lo económico, sino de los recursos: no sé cuántos equipos más representativos, más exigentes y mejores hay en el mundo. Yo escucho que se van a Europa, pero a un equipo de segundo o tercer orden que no tiene campeonatos: bueno, no te exigen y estás cómodo. Es una elección y la respeto. Pero hay jugadores que van a un lugar y no terminan de aprender el idioma porque llegan, juegan y se van: no tienen sentido de pertenencia. Por eso, insisto, no hay en el mundo lugares como éste”.
Al cambiar de tema, habló del cariño de la gente por él: “No es normal que le pase eso a un entrenador. Es gratitud y exigencia: yo le tengo que responder a esta gente este gesto de incondicionalidad. Me siento un privilegiado, alguien que está comprometido con la causa. Eso es una responsabilidad».
“Cumplí 50 años, me veo las canas, ja. En mi interior lo vivo de manera natural. Pero cuando veo lo que le sucede a mi cuerpo… ja. Uno es feliz estando acá, por eso lo elijo siempre. Sé que no va a durar toda la vida, más allá de que va a quedar marcado para siempre mi vínculo con la institución. Le quiero transmitir a la gente que vamos a redoblar apuestas permanentemente. Se fue un año donde nos frustramos de una manera inesperada. Entonces, es una máxima para nosotros. En este sentir, es un desafío mayor. Vamos a volver a revitalizarnos con este año», confió Gallardo.