“No vamos a entrar en provocaciones. Lo hace para que reaccionemos”. La frase no parece surgida del grupo político que recibió el 90% de los virulentos ataques, descalificaciones e insultos que descerrajó el presidente Javier Milei en la última Asamblea Legislativa, pero es la indicación que sale de San José 1111, donde Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria, como parte de una estrategia que parece haber dejado atrás el pendenciero “che Milei”.
La expresidenta ingresó en una nueva etapa en su comunicación política, con mensajes más espaciados que cuando apelaba a los audios, ni bien quedó detenida por el fallo de la causa Vialidad, en los comienzos de la administración libertaria, y ni que hablar de aquellas cartas que apuñalaban a la gestión de Alberto Fernández, de la que ella misma formaba parte. Algunos dicen que su internación, al final de 2025, fue la causa del cambio.