El 17 de junio de 1821, Martín Miguel de Güemes, héroe de la guerra por la independencia, falleció tras ser herido en una emboscada realista. Si bien se sabe que fue una bala la que lo alcanzó en la región glútea, la evolución posterior de la herida, la falta de recursos médicos y ciertas suposiciones sobre su salud han mantenido en discusión las causas exactas de su muerte.
La versión más aceptada es la del general José María Paz, quien narra que Güemes fue herido al responder una descarga enemiga mientras se dirigía con su escolta hacia la plaza de Salta. Gravemente herido, logró escapar y fue conducido por su caballo al campo, donde agonizó durante varios días hasta morir.
Paz y Bartolomé Mitre coincidían en que Güemes evitaba el campo de batalla, y atribuyen esta conducta a una advertencia médica: el doctor Redhead, amigo de Belgrano, le habría indicado que cualquier herida sería fatal por una supuesta condición física. Se especuló con hemofilia o diabetes, pero el médico Rafael Zambrano descartó ambas posibilidades: ni hubo antecedentes familiares de hemofilia ni síntomas compatibles con diabetes. El diagnóstico actual indica una infección gangrenosa de evolución lenta en la pelvis, producto de la herida, sin posibilidad de cura ante la inexistencia de antibióticos en ese entonces.
Más allá de los misterios médicos, lo cierto es que Güemes, aún herido, conservó la lucidez, y desde su lecho agonizante continuó dando órdenes a sus hombres. Murió como vivió: comprometido con su causa y admirado por su pueblo. Su figura, incluso para críticos como Paz, representa un símbolo de resistencia popular y liderazgo gaucho.