Punta Médanos no integra la lista de nombres que se repiten cada temporada cuando se habla de la costa atlántica y esa ausencia explica buena parte de su atractivo. Queda a unos 350 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y propone un perfil opuesto al de sus vecinos: sin grandes desarrollos urbanos, con playas amplias y poco pobladas, aguas limpias y un horizonte que ningún edificio interrumpe.
Dunas que se miden en decenas de metros
El nombre describe con exactitud lo que hay. Los médanos alcanzan alrededor de 30 metros de altura y se extienden hasta cinco kilómetros de ancho.
Esa franja de arena fue modelada por la acción conjunta del mar y el viento. Su escala convierte al lugar en un paisaje de referencia para quienes buscan algo distinto de la sombrilla y la reposera.
Deporte sobre la arena
Sobre las dunas se organiza buena parte de la oferta deportiva. Los recorridos en vehículos 4×4 son el clásico local: combinan ascensos exigentes con descensos pronunciados y ponen a prueba la pericia de quien conduce. La recomendación habitual es moverse con prudencia y respetar las zonas habilitadas.
Las mismas pendientes, sin motor, sirven para el sandboard. El viento frecuente y el mar abierto completan el cuadro con el kitesurf, el carrovelismo y el paramotor. Quienes prefieren una jornada sin equipo cuentan con la pesca, las caminatas largas por la orilla y la exploración de los médanos a pie.
Un faro traído de Francia
El otro eje del lugar es el faro. La torre es una estructura metálica de forma troncopiramidal, de 59 metros de altura y 298 escalones. Fue traída de Francia en 1890 y empezó a funcionar en 1893. Al cumplir cien años fue declarada de interés histórico municipal.
Es un faro habitado, a cargo de la Armada Argentina, por lo que no se puede acceder a su interior. Lo rodea un pequeño bosque de coníferas que contrasta con la arena y refuerza la sensación de isla en medio de un paisaje inmenso. La vista se abre hacia el Cabo San Antonio y el Mar Argentino, con atardeceres que justifican la caminata.
Barcos que la arena entrega o esconde
La costa guarda una memoria marítima que se lee en los restos de barcos varados. El caso más conocido es el del Karnak, un vapor alemán construido en 1872. Quedó varado en Punta Arena en 1873 y pudo ser reflotado, pero el 23 de enero de 1878 encalló en la zona de Punta Médanos y ya no salió. El Anna descansa desde julio de 1891 a unos 600 metros de la costa, en un campo que pertenece a la familia Cobo.
Hay otros dos naufragios en la zona. El vapor Triunfo, construido en 1887, encalló en 1941 a 2800 metros al norte del faro. El Vencedor, un vapor argentino de 1900 que hacía el trayecto entre Buenos Aires y Mar del Plata, terminó varado en abril de 1936. En el caso del Anna, los vestigios afloran o se ocultan según el movimiento de la arena y del mar.
El descanso como oferta
Para quien llega sin plan deportivo, el lugar ofrece un tipo de descanso poco frecuente en la costa. La playa es amplia, el ruido baja y la experiencia se vuelve personal. Se puede caminar kilómetros sin cruzarse con nadie o sentarse a mirar el mar sin interrupciones.
El viento forma parte de esa experiencia, para bien y para mal. Es el aliado de los deportes aéreos y de vela y también resulta una señal para recordar que el clima integra el paseo en lugar de condicionarlo.
Un contrapunto
Punta Médanos no compite con la oferta de los grandes centros. Ofrece lo que ellos tienen cada vez menos: espacio, silencio y un paisaje que todavía manda.
Con dunas que se miden en decenas de metros, un faro de más de un siglo y barcos que la arena entrega o esconde, la escapada tiene algo de hallazgo para quien busca una costa distinta.
Cómo llegar
Llegar es simple si se organiza con tiempo. En auto, el recorrido más usado sale de Buenos Aires por la Ruta 2, empalma con la Ruta 63 y sigue por la Ruta 11 hacia el sur. El viaje demanda alrededor de cinco horas, según el tránsito.