Javier Milei y su entorno sostienen la euforia por el triunfo de Flavio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas. Es una algarabía justificada por varias razones. Una de ellas es que las relaciones exteriores han dejado de ser relaciones entre Estados para convertirse en relaciones de facción. La defensa de un interés nacional queda eclipsada por la defensa del interés partidario. Milei celebra, entonces, un nuevo avance de la ultraderecha. Nada menos que en el mayor país de una región que se cubre con una ola de ese signo.
El Presidente tiene, además, una motivación personal para aplaudir cómo votaron los brasileños el último domingo. Él se involucró muchísimo en la campaña. Hostigó a Luiz Inacio “Lula” da Silva y al juez Alexandre de Moraes, que se convirtió después en protagonista central de la contienda. Puede, entonces, repetir, como dijo Donald Trump semanas atrás, que “los candidatos que yo apoyo siempre ganan”. Trump también respaldó a Bolsonaro.