MENDOZA.- “Quiero dejar de hablar de muros”. Así lo expresó a LA NACION Adriana García, la flamante rectora de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) sobre el futuro del paredón, construido en 2025 por razones de seguridad, que separa la reconocida casa de estudios de los barrios vulnerables del oeste de la capital provincial y que generó una fuerte polémica social.
La máxima autoridad de la reconocida universidad indicó a este diario que “por ahora” no se derribará la estructura de 1000 metros, que alcanza al 25% del predio, para no seguir destinando recursos a una medida “desacertada”, al tiempo que se continuará con la delimitación del campus con un cierre perimetral verde, más “amigable” con la comunidad.
“Quiero dejar de hablar de muros y quiero hablar de un cierre perimetral. Vamos a avanzar en otras medidas de seguridad, y en otras medidas para la circulación, porque a veces el predio queda absolutamente abandonado el fin de semana; es más, se utiliza para aprender a manejar. Estamos con nuestros arquitectos viendo cómo será el cierre”, comentó García, quien llegó a comandar la reconocida universidad, con un fuerte respaldo peronista, tras vencer al oficialismo provincial, ligado al radicalismo, en los comicios de junio pasado. La rectora asegura que bajo su conducción se inicia un “ciclo plural”, por fuera de las etiquetas partidarias, abierto a todos los mendocinos.
De esta manera, las nuevas autoridades de la prestigiosa universidad aseguraron a este diario que, por lo pronto, el muro de la controversia, que ya está construido, se mantiene, porque “sería una torpeza derribarlo ahora”. En tanto, contaron que las telas de alambrado que ya existen se van a arreglar porque no se pueden recambiar por nuevas, debido a que no hay fondos para tal fin. En tanto, señalaron que los límites con los barrios “mal llamados conflictivos” se trabajarán en consonancia con el municipio de Ciudad de Mendoza, al tiempo que se realizará un cierre verde.
En este sentido, aclararon que ese nuevo cerco será de alambrado con grateus o plantas que impliquen un cierre ecológico “amigable”, que no dejan de marcar una delimitación, como se usan en espacios privados. Así, con respecto al muro no lo tienen pensado derribar “por ahora”.
“La posibilidad de sacarlo se va a evaluar más adelante, más allá de las críticas, la influencia social y el enojo. Entendemos que en una instancia tan crítica de economía para la universidad, son millones tirados a la basura. Hoy no se puede derribar el muro, se tiene que sostener porque hay que cerrar el circuito, y eso se tiene que aprovechar, sería una torpeza económica, porque son fondos que ya fueron utilizados, por más que hoy en la universidad no se comparta la misma perspectiva”, recalcaron desde la Secretaría General de la UNCuyo.
Vecinos
El controvertido muro perimetral de la universidad, cuya construcción demandó más de $600 millones, separa al campus de barrios del oeste mendocino, como Olivares y Flores. Estas zonas de la capital provincial arrastran históricas deficiencias en infraestructura y servicios, y fueron el eje de las críticas que despertó la obra.
La estructura de hormigón armado y rejas se extiende en el sector noroeste del campus, conectando el canal Papagayos con la calle Champagnat, cubriendo aproximadamente el 25% del perímetro total de la universidad.
En la anterior gestión se ideó y avanzó con la obra, bajo la justificación de ser una medida de fuerza mayor frente a una ola de asaltos y robos violentos dentro del predio universitario. Las autoridades de ese momento aseguraban que se afectaba directamente a estudiantes y docentes de las facultades de Derecho, Educación y Artes, así como al comedor universitario y las residencias.
Frente a la decisión de construir el muro, vecinos, organizaciones sociales y agrupaciones estudiantiles salieron a criticar con dureza la sorprendente muralla, argumentando que fomentaba la estigmatización, la marginación y la exclusión de los sectores populares aledaños, tal como contó LA NACION.
En tanto, en medio de la trascendencia que tuvo el caso, la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza decidió frenar la “obra clandestina” por falta de permisos, aunque luego el proyecto fue readecuado, aprobado y finalizado a mediados de 2025. Se exigió reemplazar bloques macizos de cemento por rejas para brindar algo de visibilidad y evitar una “isla de calor urbana”. Luego de concluido el paredón, apareció un mural anónimo: “Construye muros, destruye futuros”.