Todo eso cambió el 7 de octubre de 2023, cuando un ataque terrorista de Hamas provocó la peor pérdida de vidas judías en un solo día desde el Holocausto. Los israelíes quedaron traumatizados y radicalizados en busca de seguridad absoluta y venganza total. Desde entonces, Israel emprendió acciones militares en la Franja de Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Irán, Irak y Yemen. En lugar de buscar disuadir y degradar a los enemigos de Israel, Netanyahu habló de “aniquilarlos”. Prometió cambiar “el rostro de Medio Oriente” y “redibujar” el mapa de la región.
El deseo de Netanyahu de golpear en todas direcciones después de un ataque sorpresa tan devastador —la versión israelí del 11 de Septiembre— es perfectamente comprensible, pero le está saliendo mal. En busca de seguridad absoluta, está debilitando los intereses de largo plazo de Israel. Está sobreextendiendo a las fuerzas armadas israelíes y convirtiendo al Estado en un paria global. También está haciendo que Israel dependa más que nunca de la protección de Estados Unidos, incluso cuando la impopularidad de su país crece en Estados Unidos.
El conflicto persistente de Israel con Irán muestra lo difícil que es para un Estado tan pequeño, incluso cuando trabaja codo a codo con una superpotencia, alcanzar sus objetivos. En junio pasado, después de 12 días de ataques aéreos contra Irán, Netanyahu proclamó “una victoria histórica, que perdurará por generaciones”.