Es probable que si se le pidiera al más exitoso de los guionistas de telenovelas turcas que se inspirara en el devenir de algunos protagonistas de la política argentina termine desechando la idea por exceso de fantasía. Sin embargo, la audiencia nacional parece asistir a un melodrama de elevada tensión donde el poder, los pactos de alcoba, los lujos inexplicables, las traiciones y las caídas en desgracia de algunos poderosos la mantienen en vilo.
En este drama de pasiones desatadas, plagado de intrigas palaciegas y grabaciones clandestinas que salen a la luz como puñales por la espalda, actores políticos otrora todopoderosos y rodeados de séquitos hoy caminan entre rejas y pasillos judiciales e irrumpen en llanto ante las cámaras de televisión por la desazón de ya no ser.
La secuencia protagonizada por el sindicalista y exdiputado Facundo Moyano y su pareja, la modelo e influencer Candela Arizaga, tiene todos los elementos de un culebrón nocturno. Una joven, apenas ataviada con un body de red rojo, huyendo por la Avenida del Libertador en una fría madrugada invernal junto a su perro llamado Mafia; patrulleros que rompen el silencio; una imputación por lesiones y privación de la libertad contra el heredero de un acaudalado clan sindical y la defensa del acusado que, en medio de explicaciones extravagantes y algo contradictorias, apela a un relato asociado al supuesto rescate heroico de su novia. Más tarde, la protagonista de esta historia de sexo, drogas y videos, negaría todas las acusaciones contra su novio y no haría más que acrecentar las sospechas de que a los apellidos poderosos se les abren puertas que a los ciudadanos de a pie se les cierran. Un argumento que superaría las expectativas de cualquier libretista de Estambul.
Pero el guion de la realidad local no se detiene en las calles de Buenos Aires y amplía sus fronteras hacia el altiplano boliviano de la mano de una trama que mezcla espionaje, política y sangre. Su protagonista es Fernando Cerimedo, estratega digital y creador del sitio La Derecha Diario, que alcanzó fama como asesor de Javier Milei en su campaña presidencial y, en los últimos tiempos, como colaborador del mandatario boliviano, Rodrigo Paz.
Cerimedo fue detenido en el aeropuerto de Viru Viru, acusado de instigar el intento de asesinato de su amante, Nadia Beller, quien salvó su vida milagrosamente luego de recibir tres disparos de bala de dos presuntos sicarios disfrazados de repartidores en moto en la puerta de un hotel de Santa Cruz de la Sierra. Hasta allí había llegado esta mujer boliviana, persuadida por Cerimedo de que iba a recibir información comprometedora sobre Evo Morales por parte de un informante. Habría sido un anzuelo tan falso como siniestro: el informante nunca llegó, los asesinos sí se hicieron presentes. No solo le dispararon, sino que también le sustrajeron su teléfono celular.
El juez boliviano Wilson Espada aceptó como prueba clave los chats en los que Cerimedo habría planteado la posibilidad de “buscar la forma de eliminarla” a Nadia y que fueron incluidos en un informe de la fiscalía, avalando la hipótesis de que el consultor digital pudiera ser el autor intelectual de un intento de femicidio. Hay dudas sobre el eventual móvil del estratega comunicacional para instigar el crimen. Los investigadores han hablado de posibles motivaciones personales y conflictos de pareja asociados a que Nadia estaba embarazada. Pero no se descarta que esta mujer poseyera información sensible que comprometiera a Cerimedo en negocios con el poder político en Bolivia y también en la Argentina.

Nadia afirmó que Cerimedo y su esposa, Natalia Basil -exfuncionaria de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis)- fueron quienes filtraron intencionalmente los audios del exdirector de la Andis Diego Spagnuolo en los que este reveló que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem, obtenían coimas por contrataciones de proveedores del área. Asimismo, la mujer atacada aseguró que posee grabaciones de audio de más de una hora de duración en las que se escucharía a Cerimedo relatar maniobras espurias, y manifestó su disposición a entregar ese material a la Justicia.
Mientras los medios de comunicación exponen presuntos chats de Cerimedo, en los que este parece advertirle a Nadia sobre el peligro de revelar secretos de Estado o familiares (“Ni se te ocurra, Nadia. Ni se te ocurra hacer huevadas. Vos publicás eso, me arruinás la vida”), su abogada defensora, Margarita Arce, alega un inverosímil “autoatentado político”. En otra imagen viralizada, en sede judicial, el acusado rompe en llanto ante las cámaras, en medio del dolor que seguramente le provoca haber dejado de ser el operador todopoderoso de las redes digitales, al mando de un ejército de trolls destinados a desinformar y agraviar a los disidentes del mileísmo mediante una catarata de improperios y sus lenguas venenosas.
El gobierno de Milei ofrece una actitud ambigua. Mientras la mayoría de los funcionarios optan por mirar para otro lado o por señalar que ahora desconocen a Cerimedo, el Presidente reposteó publicaciones de la red social X que hablan de una “operación” política, en coincidencia con la estrategia de la defensa del exasesor de Milei.
En tanto analistas de opinión pública se preguntan si este escándalo puede seguir dañando la reputación del mileísmo, el público asiste a este espectáculo con una mezcla de morbo y desconcierto. La sospecha de que estas historias suelen enredarse en pactos de silencio o conveniencias políticas estarán a la orden del día, junto al temor de que el poder intente escribir a puertas cerradas el epílogo de estos culebrones y que, en la telenovela de la política argentina, el final feliz continúe siendo una promesa largamente postergada.