Tras una campaña atravesada por una Niña débil y un verano con lluvias por debajo de lo esperado en varias regiones, los modelos climáticos empiezan a mostrar un cambio de escenario para la segunda mitad del año. Según el último informe de un organismo climático de Estados Unidos, el sistema ENSO está dejando atrás la fase fría y entra en una transición que podría derivar en un evento de El Niño entre el invierno y la primavera, con una probabilidad superior al 60% de que se instale entre junio y agosto.
Se trata de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), que en su última discusión diagnóstica fue explícita: “condiciones de ENSO-neutral están presentes y se favorecen hasta abril-junio de 2026 (80% de probabilidad)”, pero al mismo tiempo advirtió que “en mayo-julio de 2026, es probable que surja El Niño (61% de probabilidad) y que persista hasta por lo menos finales de 2026”.
El diagnóstico se apoya en señales concretas del Pacífico ecuatorial. El organismo indicó que “el índice de temperatura en la subsuperficie aumentó por el quinto mes consecutivo”, con anomalías cálidas extendiéndose a lo largo de la cuenca, junto con cambios en los vientos. En conjunto, señaló, el sistema océano-atmósfera todavía refleja una fase neutral, pero con una dinámica que empieza a inclinarse hacia un evento cálido.
En la misma línea, el climatólogo Germán Heinzenknecht explicó que el océano ya atravesó rápidamente la neutralidad y muestra una tendencia clara hacia condiciones más cálidas. “Ese calentamiento que se ve en toda la zona del Pacífico ecuatorial va a ir traccionando agua caliente hacia la zona central, y eso va a tender a definir un fenómeno de El Niño más temprano que tarde”, indicó.
En términos de tiempos, el proceso podría consolidarse en el corto plazo. Heinzenknecht estimó que “terminando el otoño, hacia fines de mayo, ya entrando al trimestre del invierno, estaríamos seguramente en un fenómeno de El Niño”, al menos en su fase inicial oceánica.
En este proceso, el comportamiento del océano y su vínculo con la atmósfera explican cómo puede evolucionar el fenómeno. “Si se mantiene en el tiempo, tiene su efecto en la circulación atmosférica”, explicó el especialista. En esa línea, el informe de la National Oceanic and Atmospheric Administration advirtió que la evolución del sistema dependerá de cómo continúe ese acople y señaló que “los posibles resultados fluctúan desde ENSO-neutral a El Niño muy fuerte”.
En términos generales, ambos coinciden en la señal de fondo: un corrimiento hacia un régimen más húmedo. “El fenómeno de La Niña tiene un efecto negativo en las precipitaciones y el fenómeno de El Niño, un efecto positivo. Es una simplificación, pero en líneas generales funciona así”, señaló Heinzenknecht. En esa línea, el informe del NOAA reforzó que, de consolidarse el evento, su persistencia hasta fin de año aumenta la probabilidad de un patrón de lluvias más activo en varios momentos de la campaña.
El organismo aclaró que la intensidad del evento aún es incierta y que incluso existe “una probabilidad de 1 en 4” de que el fenómeno alcance niveles muy fuertes, aunque eso dependerá de la continuidad de ciertas condiciones en los vientos del Pacífico, algo que no está asegurado.
Para el agro, el posible cambio de fase abre un escenario distinto al de la última campaña. Con suelos que en muchas zonas llegan con buena humedad, una primavera más lluviosa podría jugar a favor de los cultivos. Pero también implica riesgos. “Partiendo de condiciones actuales, con suelos que no tienen mucha demanda de precipitaciones, es un escenario que va a ser de cuidado”, advirtió Heinzenknecht.
El impacto, además, no sería uniforme. Según explicó el especialista, en regiones como el Litoral —donde la señal del Niño suele ser más marcada— las lluvias tienden a ubicarse por encima de los promedios históricos. En esos casos, el efecto puede ser doble: mejores rindes potenciales, especialmente en maíz, pero también mayor presión sobre los sistemas hídricos y riesgo de excesos.