Casi dos décadas después, poco ha cambiado. Los misiles interceptores Patriot pueden tardar hasta 36 meses y costar cuatro millones de dólares en fabricarse. En lo que va de la guerra contra Irán, el Ejército estadounidense ha disparado más de 1200. Algunos se utilizaron para derribar drones Shahed, cuyo precio asciende a 35.000 dólares, y que Irán puede producir a un ritmo de al menos 200 al mes.
La guerra y el rápido ritmo con el que Estados Unidos ha consumido armamento han traído de vuelta la antigua crítica de Gates a la actualidad y han puesto al descubierto profundas deficiencias en el complejo industrial-militar estadounidense y en sus sistemas de adquisición de armas.
“Ucrania va a producir siete millones de drones este año”, dijo Gates en una entrevista. “Vamos. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo?”.
El Pentágono y el Congreso han intentado, en su mayoría sin éxito, abordar el problema durante años. Ahora, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo está afrontando. La principal diferencia radica en que, mientras muchos secretarios de Defensa, incluido Gates, abogaban por hacer más con menos dinero, Hegseth impulsa un presupuesto de 1,5 billones de dólares, la mayor propuesta de financiación militar en la historia moderna de Estados Unidos.