Este sábado no será un día más en Haití. Tampoco será la primera vez que su pueblo desborde de emoción al ver a su seleccionado disputando un encuentro correspondiente a un Mundial. Sin embargo, la ocasión incentiva a la lágrima. Quedó muy lejos aquel 1974 y, a la vez, muy cerca. Porque el contexto político, social y económico es tan distante como comparable. Tiene mucho por desahogar, quizás, en el peor grupo que pudo haberle tocado. Por eso, apretará los dientes. Y si eso tampoco alcanza futbolísticamente para dar una sorpresa, al menos, el mundo habrá visto el orgullo de ser.
Para el argentino, el fútbol es aire entre tantos problemas diarios. Una pasión que desborda y hasta supera niveles impensados. Que no oculta, pero que alivia procesiones internas difíciles. Para muchos puede parecer algo único, pero para otros no. Cada cual con su manera y sus vivencias alrededor, cada nación tiene sus mandatos respecto al fútbol. No está mal creer que los caribeños están más cerca de la gente del último campeón del mundo de lo que se piensa en una rápida impresión.